
Francisco Rojas Gonzales nació en guadalajara el 10 de marzo de 1904, murió en guadalajara el 11 de diciembre de 1951 y sus restos descansan en la rotonda de los Hombres ilustres de esa misma ciudad.
Nació en el barrio de las nueve esquinas, pero vivió poco tiempo allí debido al cambio de residencia de su familia. Ya en su juventud marcha a la ciudad de México y estudia con Othón de Mendizábal, etnografía en el Museo Nacional.
Para algunos críticos "Francisco Rojas González logró llegar al fondo del pensamiento indígena y pueblerino hasta lograr recrearlo con sencillez y emotividad. Creencias y formas de pensamiento de las diferentes etnias de nuestro país se mezclan en su obra, la que nos permite conocer y llegar a comprender ese mundo aparte con su mitología y costumbres."
"Fue canciller de Guatemala y cónsul en Salt Lake City, Denver y San Francisco, EUA.En 1935 se separó del servicio exterior e ingresó al Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de México. Colaboró en las siguientes obras: "Cuatro cartas de geografía de las lenguas de México", "Estudios etnológicos del Valle del Mezquital", "Estudios Etnológicos de Ocoyac", "Los zapotecos", "Los tarascos", "Carta etnográfica de México" y "Atlas etnográfico de México". Fue redactor de la revista Crisol y colaboró en los principales diarios y revistas del país."
Gracias a sus viajes a través de la república, logró conocer el estado social de los pueblos indígenas, hecho que le permitió, mediante la visión del etnólogo, plasmar en su literatura a los hombres de las regiones del país más apartadas del desarrollo experimentado gracias a la industria que floreció después de la revolución mexicana -principalmente en el gobierno de Lázaro Cárdenas-, pero desde una antropología unilateral, bajo la premisa, no siempre explícita, de los pueblos precapitalistas a los que se debe estudiar. De ahí que los relatos que se han publicado bajo el título El diosero, sean considerados literatura indigenista, pero no literatura indígena. Falta aquella consideración del otro como un ser con propias normas, de validés equivalente a las de pueblos más desarrollados. Pero no quiere decir esto que hay engaño y desdén por lo indígena. Todo lo contrario. Rojas Gonzales se pone en la tradición de autores como Fernández de Lizardi o Angel de Campo, Micrós, y la hacelo, asume también la tarea que en ellos encuentra: la denuncia de la injusticia, la empatía e identificación con los desvalidos y los atrasados. En su búsqueda del conocimiento del panorama indígena logra transmitir una imagen que aunque hoy palidece por la parcialidad de su alcance, logra, sin embargo, calar en la denuncia social; y tal como lo hace en sus ideas realistas del cuento, pone en tela de juicio un sistema que así como trae la prosperidad y el avance -aunque en manos de muy pocos-llega a ser opresivo, sobre todo en la formación de los hombres de clases bajas (véase esta relación en el cuento sobre Las vacas de quiviquinta La venganza de Carlos Mango).
Fuentes:
Para algunos críticos "Francisco Rojas González logró llegar al fondo del pensamiento indígena y pueblerino hasta lograr recrearlo con sencillez y emotividad. Creencias y formas de pensamiento de las diferentes etnias de nuestro país se mezclan en su obra, la que nos permite conocer y llegar a comprender ese mundo aparte con su mitología y costumbres."
"Fue canciller de Guatemala y cónsul en Salt Lake City, Denver y San Francisco, EUA.En 1935 se separó del servicio exterior e ingresó al Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de México. Colaboró en las siguientes obras: "Cuatro cartas de geografía de las lenguas de México", "Estudios etnológicos del Valle del Mezquital", "Estudios Etnológicos de Ocoyac", "Los zapotecos", "Los tarascos", "Carta etnográfica de México" y "Atlas etnográfico de México". Fue redactor de la revista Crisol y colaboró en los principales diarios y revistas del país."
Gracias a sus viajes a través de la república, logró conocer el estado social de los pueblos indígenas, hecho que le permitió, mediante la visión del etnólogo, plasmar en su literatura a los hombres de las regiones del país más apartadas del desarrollo experimentado gracias a la industria que floreció después de la revolución mexicana -principalmente en el gobierno de Lázaro Cárdenas-, pero desde una antropología unilateral, bajo la premisa, no siempre explícita, de los pueblos precapitalistas a los que se debe estudiar. De ahí que los relatos que se han publicado bajo el título El diosero, sean considerados literatura indigenista, pero no literatura indígena. Falta aquella consideración del otro como un ser con propias normas, de validés equivalente a las de pueblos más desarrollados. Pero no quiere decir esto que hay engaño y desdén por lo indígena. Todo lo contrario. Rojas Gonzales se pone en la tradición de autores como Fernández de Lizardi o Angel de Campo, Micrós, y la hacelo, asume también la tarea que en ellos encuentra: la denuncia de la injusticia, la empatía e identificación con los desvalidos y los atrasados. En su búsqueda del conocimiento del panorama indígena logra transmitir una imagen que aunque hoy palidece por la parcialidad de su alcance, logra, sin embargo, calar en la denuncia social; y tal como lo hace en sus ideas realistas del cuento, pone en tela de juicio un sistema que así como trae la prosperidad y el avance -aunque en manos de muy pocos-llega a ser opresivo, sobre todo en la formación de los hombres de clases bajas (véase esta relación en el cuento sobre Las vacas de quiviquinta La venganza de Carlos Mango).
Fuentes:
El Diosero, Francisco Rojas González, FCE
http://www.fomentar.com/Jalisco/Tapatios/index.php?codigo=275&inicio=0
http://www.fomentar.com/Jalisco/Tapatios/index.php?codigo=275&inicio=0
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