martes, 8 de diciembre de 2009

Versos que dejan con dolor de caderas




Elías Nandino
Erotismo al rojo blanco.
Ed. AGATA, México, 1991, 160 páginas

Elías Nandino nació con el siglo XX, en la población de Cocula Jalisco. Médico de profesión, poeta de nacimiento, dedicó buena parte de su tiempo y esfuerzo en apoyar a jóvenes poetas, entre ellos los ahora ilustres, Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco.

Editó la colección de cuadernos México Nuevo, dirigió la revista Estaciones y de 1960a 1964 fue director de la publicación Cuadernos de Bellas Artes. En 1979 recibió el Premio Nacional de Literatura y el Premio de Poesía de Aguascalientes.

A pesar de ser contemporáneo de “Los Contemporáneos” (en juego azaroso de palabras cacofónicas), no perteneció a ésta élite literaria (cuentan algunas anécdotas que esto se debió a su abundancia de dinero y a una “oportuna ausencia”). Sin embargo, esto no impidió que Nandino escribiera, a su modo y en su tiempo.

Su producción es bastante prolífica, entre sus obras más ilustres está Sonetos (1950), Naufragio de la duda (1950), Triángulo de silencios (1953), Nocturna summa (1955), Nocturna palabra (1976), Nocturno amor (1958), Nocturno día (1959), Eternidad del polvo (1970), Cerca de lo lejos (1979), Banquete íntimo (editado póstuma 1993) y por supuesto, Erotismo al rojo blanco (1993) en torno al cual girarán en esta ocasión mis comentarios.

La poesía de Nandino acaso logra describirse con algo parecido a un slogan de productos farmacéuticos: Es la misma, pero no es igual. Su constante salto que va desde sonetos hasta Hai kais, demuestra la versatilidad del poeta que utiliza los recursos que le sean necesarios según el encanto de la musa.

En Erotismo al rojo blanco la poesía es irreverente, sarcástica, nostálgica, escatológica, cursi. El libro está compuesto de varios poemas eróticos y tardíos de los que el propio Nandino dijo:

" Más que eróticos son trágica y amargamente humanos porque son el testimonio de una pasión senil, delirante, obsesiva, que con su locura pasional creyó posible juntar el amanecer con el ocaso. "

Es un libro que escribe para el final de su vida, cuando Nandino tiene ochenta y tres años pero una pasión juvenil que no ha menguado. Enamorado y lujurioso aún, se encuentra siempre con la dificultad de que “algo nos separa”.

Los juegos de palabras y los “doble sentidos” se cobran aparte. La picardía de Nandino se burla de personajes como Novo, Pellicer y por supuesto, de su propia decadencia de senectud (lo que Monsiváis llama “Poderes menguantes de la vejez”.

Su vejez, la visión de un amor imposible pero no secreto en el que Nandino “sale del clóset” con un salto mortal y sin red y lo que Monsiváis llama “Cachondería cósmica” (con todo lo que hacer el amor a las estrellas implica), conforman los versos de este libro. Versos que a veces son como los besos (perdonando la cacofonía):

"Es que hay besos que valen
Mucho más
Que un coito completo:
Porque son tan carnales,
De veras,
Que nos dejan las bocas
Con dolor de caderas."

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