Jorge Arturo Ojeda
Personas fatales
Mester, México, 1975
Jorge Arturo Ojeda nació en la ciudad de la fatalidad (México, D.F.) el 18 de abril de 1943. Ha hecho de todo, hasta estudiar letras españolas en la UNAM y letras alemanas en Munich, pero se le reconoce por su labor como narrador, ensayista, traductor y poeta. Por supuesto coordinó talleres literarios y ha colaborado en Siempre!, Unomásuno, Excelsior y en Mester, como director. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores de 1965 a 1966. Ha hecho estudios y prólogos a Juan José Arreola, traducciones a Jean Paul y a Novalis, ensayos sobre Octavio Paz y sobre su tema favorito, la Grecia antigua.
Su homosexualidad declarada es bastante notoria en algunas de sus obras, lo que no las vuelve mejores ni peores, y no podría considerarse un escritor de la onda, ya que el lenguaje en ellas ha sido de lo más cuidado y trabajado. Se destaca Documentos sentimentales (poemas y relatos 1974), Personas fatales (cuentos, 1975), Cartas alemanas (1972), Como la ciega mariposa (novela, 1967), entre otras muchas.
Jorge Arturo Ojeda ha sido calificado por Gustavo Sáinz, a quien le dedica el último cuento de Personas fatales, como el “dueño de la prosa más elegante y provocativa que se escribe hoy en México” y prosigue el autor de Gazapo: “Ojeda escribe para escapar, para remendar la vida: los telones de la escritura intentan postergar el dolor y la podredumbre que amenazan cada minuto de vida conciente: elegir la palabra es admitir que se ha entendido lo que subyace bajo cada uno de nuestros gestos estereotipados, pero que se opta por aplazar la violencia indefinidamente: se cumplirán todos los actos que la cruealdad dicta, se realizará todo lo prohibido pero en el espacio fantasmal de lo narrado".
Y es esto lo que ocurre en Personas fatales, libro de cuentos que vio la luz en 1975, cuando Jorge Arturo Ojeda apenas tenía 32 años. El texto devela desde el título lo que podría parecer evidente afirmar: que son individuos condenados a la fatalidad. Sin embargo remite a algo más profundo, que se ve reafirmado con el epígrafe: “… "personas fatales" que decían los aristotélicos españoles…(la crítica en la edad ateniense, Alfonso Reyes).”
Las personas fatales, son, ni más ni menos, protagonistas de tragedias clásicas. Así, “Ignacio”, “Julia”, “María de los Ángeles”, “Mapache”, “Bruma” y “Lorenzo” son cuentos sobre personajes atormentados que cargan pesos ineludibles. Cabe resaltar también la cuestión de los títulos: cada uno de ellos corresponde al nombre del protagonista, lo cual también remite a las tragedias griegas. Estas tragedias tenían máximo tres personajes medulares y contaban la caída del personaje en cuestión, lo mismo que ocurre con los cuentos de Ojeda.
El libro en su totalidad está claramente situados en México, esto se detecta por los nombres de lugares, sucesos históricos, tradiciones o actitudes. Entonces, además de “contar” la tragedia y revelar realidades humanas, se revela la realidad mexicana y se hace una crítica.
Los cuentos son breves e intensos, y en cada uno se aborda una obsesión distinta. Van desde una realidad histórica (la matanza del 68 abordada de una manera particular en “Lorenzo”) hasta una realidad personal (“Julia” está basada en la muerte de la actriz mexicana de principios del siglo XX, Lupe Vélez, quien ingiere seconal para no enfrentar el escarnio público al estar embarazada y ser abandonada por un hombre casado. Lupe adornó su casa de flores antes de suicidarse.). “Mapache” es una apología al amor homosexual, “María de los Ángeles” es una deconstrucción de la advocación de “maría, reina de los ángeles”, “Ignacio” es una crítica al automatisimo y a la pereza y “Bruma” es una tragedia de principio a fin.
Dentro de todos los cuentos se puede observar dos tipos de imágenes: las de los bello (lo natural) y las de lo trágico. En cuanto a la estructura narrativa no se podría hablar de ser propositiva; sin embargo, donde Ojeda explota sus capacidades es en la exquisitez del lenguaje, las descripciones y narraciones justas. La mezcla de imágenes que logra sublimar las tragedias de todos los personajes.
Existe, también una metatextualidad, ya que dentro de los cuentos, hay otras tragedias, la de María de los Ángeles es previa, es una decadencia anterior a la tragedia del cuento; en “Mapache” están relatadas y previsto el desenlace; “Bruma” se apoya en lo teatral y la tragedia de Lorenzo sólo sirve para recalcar la tragedia social.
Dentro de la crítica social, se puede destacar a Leopoldo, el compañero de Ignacio, el cual es una crítica a las actitudes mexicanas, Julia es una mujer exitosa que sin embargo no puede con el peso de vivir sin haberse casado de blanco (la virginidad como tradición ineludible), y la evidente crítica de Lorenzo hacia la superficialidad y olvido de la sociedad mexicana, donde no pasa nada.
Este libro es un acercamiento a un Ojeda joven, intenso, dinámico. A un autor sobreviviente, incluso a él mismo. A una persona fatal.

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