La Guadalajara de toque francés y las Exposiciones Universales
Es el año de 1889, uno de los año que se dedicó en Francia a la realización de las Exposiciones Universales; allí se encontraban los avances en artes, ciencias y sobre todo los dedicados a los adelantos de la técnica, que redundarían más tarde en provecho de la industria. Destacan también aquellos dedicados a la arquitectura -es notorio el impacto que esto causó en este ámbito, sobre todo en la nueva manera de concebir el espacio y las formas, como la torre Eiffel y los diversos pabellones de la Exposición, así como la utilización de nuevos materiales que anteriormente no se habían uasado para grandes construcciones, como el hierro y el cristal- que más tarde dejarían sentir su influencia en lugares tan lejanos como Guadalajara. Mariano Coronado viajó desde esta ciudad a Francia para cubrir dicho evento y en sus impresiones a manera de crónica dejó testimonio de la admiración que la naciente burguesía tapatía le declaraba a este país y sobre todo lo que en él se producía. En La Republica Literaria ya se dejaban sentir los alcances de la literatura francesa. Esto lo corroboramos en las diversas traducciones de literatura francesa que se difundían en la revista. A partir de ese año Guadalajara experimenta una transformación urbana producto de la fuerte carga ideológica que recibe de Europa, el Porfiriato y su estabilidad política (aunque no social), pero además también por la creciente comunidad francesa asentada en la ciudad, como los dueños de la tienda Fabricas de Francia, que dieron un fuerte impulso a la edificación de la colonia francesa de esta ciudad participando como socios de la Compañía jalisciense de Construcciones, aunado a la influencia que en materia de moda ya venían ejerciendo desde mediados del siglo XIX.[1]Hoy en día la huella urbana es lo más accesible para quien se percata del afrancesamiento de una parte de Guadalajara, pero quedan ocultas las ideas que llevaron al mencionado “afrancesamiento” del mismo modo que los refinados Chalets ocultaban la opulencia de la esfera íntima, que en cierto modo se podía intuír tan solo con ver sus fachadas.
De esta manera se puede entender cómo la prospera oligarquía de Guadalajara logró consolidarse no solamente en lo económico frente a las otras clases, sino también en lo cultural al defender su estatus social adjudicándose como heredera de la cultura burguesa del viejo continente y rechazando por consecuencia las ideas comuneras que en años anteriores se venían perfilando como oposición “peligrosa” para su desarrollo y prosperidad. Basta con leer un poco de la crónica de Las Exposiciones de Coronado para entender sus afinidades ideológicas:
Es el año de 1889, uno de los año que se dedicó en Francia a la realización de las Exposiciones Universales; allí se encontraban los avances en artes, ciencias y sobre todo los dedicados a los adelantos de la técnica, que redundarían más tarde en provecho de la industria. Destacan también aquellos dedicados a la arquitectura -es notorio el impacto que esto causó en este ámbito, sobre todo en la nueva manera de concebir el espacio y las formas, como la torre Eiffel y los diversos pabellones de la Exposición, así como la utilización de nuevos materiales que anteriormente no se habían uasado para grandes construcciones, como el hierro y el cristal- que más tarde dejarían sentir su influencia en lugares tan lejanos como Guadalajara. Mariano Coronado viajó desde esta ciudad a Francia para cubrir dicho evento y en sus impresiones a manera de crónica dejó testimonio de la admiración que la naciente burguesía tapatía le declaraba a este país y sobre todo lo que en él se producía. En La Republica Literaria ya se dejaban sentir los alcances de la literatura francesa. Esto lo corroboramos en las diversas traducciones de literatura francesa que se difundían en la revista. A partir de ese año Guadalajara experimenta una transformación urbana producto de la fuerte carga ideológica que recibe de Europa, el Porfiriato y su estabilidad política (aunque no social), pero además también por la creciente comunidad francesa asentada en la ciudad, como los dueños de la tienda Fabricas de Francia, que dieron un fuerte impulso a la edificación de la colonia francesa de esta ciudad participando como socios de la Compañía jalisciense de Construcciones, aunado a la influencia que en materia de moda ya venían ejerciendo desde mediados del siglo XIX.[1]Hoy en día la huella urbana es lo más accesible para quien se percata del afrancesamiento de una parte de Guadalajara, pero quedan ocultas las ideas que llevaron al mencionado “afrancesamiento” del mismo modo que los refinados Chalets ocultaban la opulencia de la esfera íntima, que en cierto modo se podía intuír tan solo con ver sus fachadas.
De esta manera se puede entender cómo la prospera oligarquía de Guadalajara logró consolidarse no solamente en lo económico frente a las otras clases, sino también en lo cultural al defender su estatus social adjudicándose como heredera de la cultura burguesa del viejo continente y rechazando por consecuencia las ideas comuneras que en años anteriores se venían perfilando como oposición “peligrosa” para su desarrollo y prosperidad. Basta con leer un poco de la crónica de Las Exposiciones de Coronado para entender sus afinidades ideológicas:
Pero lo que verdaderamente pasma y admira, es el ver á esta Francia, tras desdichas é infortunios que reclaman para plañidos el treno inmortal de los profetas, desangrada y empobrecida, humillada por invasor extranjero y por facciones comunistas: levantarse con poderoso esfuerzo para convocar á las naciones á esta fiesta universal de paz y trabajo, que excede en magnificencia y suntuosidad a cuanto han visto las pasadas edades. Y conquista irresistiblemente nuestra profunda simpatía esa misma Francia, si consideramos que ese llamamiento amistoso á todos los pueblos, no reconoce por origen sino el afán generoso por el adelantamiento de la humanidad. Sin preocupaciones ni celos de raza, da albergue en medio de su capital incomparable á todos los pueblos, á fin de desarrollar el comercio, la industria, las artes, la fraternidad internacional, los grandes ideales por los que luchan los hombres de talento y de corazón.[2]
Con el advenimiento del positivismo y las consecuencias sociales derivadas de la división del trabajo se llegó a una era de prosperidad económica, sin embargo las diferencias de clase se fueron agravando en la misma medida en que crecía el “nivel cultural” de los jaliscienses acomodados, como en muchas otras partes donde se implantaba el capitalismo. En este punto la prosperidad reflejada en la ostentosa colonia francesa, su tranvía y hasta su avenida Lafayette -con una amplitud que recuerda al prefecto de París, Haussman, en sus planes para evitar las barricadas de los obreros- contrasta con las colonias o mejor llamados barrios en donde se confinan, a manera de pequeñas poblaciones contiguas a la ciudad, a jornaleros, obreros y léperos en general, y que poco después serán mejor planificados de acuerdo a una jerarquía de clases. Ponemos como ejemplo el barrio de mezquitán,conocido por su población sumamente pobre y de escasa educación (Agustín Yáñez hace una pintura de los muchachos del barrio de Mezquitán en los recuerdos de su niñes publicados en Flor de juegos antigüos, sin llegar a entender la causa de su malestar y su violencia cuando transpasan su "propiedad"). Es una época de explotación y pobreza que a través de la filantropía logra frenarse un poco, pero que en el pensamiento seguía la misma línea que se seguía en la literatura dominante en esa época en Jalisco. Nos referimos a la consigna de el arte por el arte, también de cuño francés; una sociedad encerrada en sí misma, a la espera de la modernización, aunque fuera solo material y en provecho de una minoría. Al asumir la revista el carácter de órgano difusor de las ideas de los jóvenes ilustrados de la burguesía local se avoca a imitar los modelos europeos y adaptarlos con el color local, cuidando de cautivar con un estilo refinado y novedoso, pero que está dedicado a un pequeño grupo de lectores (no pudiendo ser de otro modo en dichas circunstancias), lo cual le confiere un carácter circular, es decir al modo de arte por el arte, pues sólo busca el deleite en sí mismo, libre de cualquier compromiso social (como los conciertos efectuados en el teatro Degollado) y no la verdadera formación del Hombre sea cual fuere su condición. Esto a pesar de las palabras conciliadoras de Ba-ta-klan: “de desear es que se repitan periódicamente estos conciertos instrumentales, en bien del arte y el deleite de los oídos: la música es agente eficacísimo de educación y cultura.”[3] Aquí es notorio, como lo es en los diversos pasajes del texto de Coronado sobre la Exposición Universal, la idea de civilización, que amalgama en una misma pieza la producción industrial y la producción cultural, y que sólo mediante el dominio de la producción industrial se tiene acceso a la producción cultural; idea que el siglo XX se encargará de desmentir del modo más bárbaro. En profundidad encontramos en La República Literaria el afán de ofrecer una literatura que funcione como una mercadería original, refinada, a la manera de los estilos de vida que los lectores experimentan (como única es la Colonia francesa de Guadalajara). Sí hay merito en las crónicas, pero se queda solamente en la forma y no atina a ver que es lo que mueve al fondo. Como documentación de la historia, la crónica de la Exposición Universal de Coronado es de un valor alto, incluso único en su tipo en la producción literaria local y regional, al ser un texto enfocado en un acontecimiento de gran importancia en la historia universal.
[1] http://www.economia.unam.mx/cladhe/registro/ponencias/106_abstract.doc
[2] Vidaurre Arenas, Carmen V. comp..La República Literaria.Antología de la crónica. Guadalajara, 1988, vol. 1, pág. 46
[3] Ibídem. Pág. 13
Con el advenimiento del positivismo y las consecuencias sociales derivadas de la división del trabajo se llegó a una era de prosperidad económica, sin embargo las diferencias de clase se fueron agravando en la misma medida en que crecía el “nivel cultural” de los jaliscienses acomodados, como en muchas otras partes donde se implantaba el capitalismo. En este punto la prosperidad reflejada en la ostentosa colonia francesa, su tranvía y hasta su avenida Lafayette -con una amplitud que recuerda al prefecto de París, Haussman, en sus planes para evitar las barricadas de los obreros- contrasta con las colonias o mejor llamados barrios en donde se confinan, a manera de pequeñas poblaciones contiguas a la ciudad, a jornaleros, obreros y léperos en general, y que poco después serán mejor planificados de acuerdo a una jerarquía de clases. Ponemos como ejemplo el barrio de mezquitán,conocido por su población sumamente pobre y de escasa educación (Agustín Yáñez hace una pintura de los muchachos del barrio de Mezquitán en los recuerdos de su niñes publicados en Flor de juegos antigüos, sin llegar a entender la causa de su malestar y su violencia cuando transpasan su "propiedad"). Es una época de explotación y pobreza que a través de la filantropía logra frenarse un poco, pero que en el pensamiento seguía la misma línea que se seguía en la literatura dominante en esa época en Jalisco. Nos referimos a la consigna de el arte por el arte, también de cuño francés; una sociedad encerrada en sí misma, a la espera de la modernización, aunque fuera solo material y en provecho de una minoría. Al asumir la revista el carácter de órgano difusor de las ideas de los jóvenes ilustrados de la burguesía local se avoca a imitar los modelos europeos y adaptarlos con el color local, cuidando de cautivar con un estilo refinado y novedoso, pero que está dedicado a un pequeño grupo de lectores (no pudiendo ser de otro modo en dichas circunstancias), lo cual le confiere un carácter circular, es decir al modo de arte por el arte, pues sólo busca el deleite en sí mismo, libre de cualquier compromiso social (como los conciertos efectuados en el teatro Degollado) y no la verdadera formación del Hombre sea cual fuere su condición. Esto a pesar de las palabras conciliadoras de Ba-ta-klan: “de desear es que se repitan periódicamente estos conciertos instrumentales, en bien del arte y el deleite de los oídos: la música es agente eficacísimo de educación y cultura.”[3] Aquí es notorio, como lo es en los diversos pasajes del texto de Coronado sobre la Exposición Universal, la idea de civilización, que amalgama en una misma pieza la producción industrial y la producción cultural, y que sólo mediante el dominio de la producción industrial se tiene acceso a la producción cultural; idea que el siglo XX se encargará de desmentir del modo más bárbaro. En profundidad encontramos en La República Literaria el afán de ofrecer una literatura que funcione como una mercadería original, refinada, a la manera de los estilos de vida que los lectores experimentan (como única es la Colonia francesa de Guadalajara). Sí hay merito en las crónicas, pero se queda solamente en la forma y no atina a ver que es lo que mueve al fondo. Como documentación de la historia, la crónica de la Exposición Universal de Coronado es de un valor alto, incluso único en su tipo en la producción literaria local y regional, al ser un texto enfocado en un acontecimiento de gran importancia en la historia universal.
[1] http://www.economia.unam.mx/cladhe/registro/ponencias/106_abstract.doc
[2] Vidaurre Arenas, Carmen V. comp..La República Literaria.Antología de la crónica. Guadalajara, 1988, vol. 1, pág. 46
[3] Ibídem. Pág. 13
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