jueves, 17 de junio de 2010

La República Literaria de Jalisco y la República francesa

La Guadalajara de toque francés y las Exposiciones Universales


Es el año de 1889, uno de los año que se dedicó en Francia a la realización de las Exposiciones Universales; allí se encontraban los avances en artes, ciencias y sobre todo los dedicados a los adelantos de la técnica, que redundarían más tarde en provecho de la industria. Destacan también aquellos dedicados a la arquitectura -es notorio el impacto que esto causó en este ámbito, sobre todo en la nueva manera de concebir el espacio y las formas, como la torre Eiffel y los diversos pabellones de la Exposición, así como la utilización de nuevos materiales que anteriormente no se habían uasado para grandes construcciones, como el hierro y el cristal- que más tarde dejarían sentir su influencia en lugares tan lejanos como Guadalajara. Mariano Coronado viajó desde esta ciudad a Francia para cubrir dicho evento y en sus impresiones a manera de crónica dejó testimonio de la admiración que la naciente burguesía tapatía le declaraba a este país y sobre todo lo que en él se producía. En La Republica Literaria ya se dejaban sentir los alcances de la literatura francesa. Esto lo corroboramos en las diversas traducciones de literatura francesa que se difundían en la revista. A partir de ese año Guadalajara experimenta una transformación urbana producto de la fuerte carga ideológica que recibe de Europa, el Porfiriato y su estabilidad política (aunque no social), pero además también por la creciente comunidad francesa asentada en la ciudad, como los dueños de la tienda Fabricas de Francia, que dieron un fuerte impulso a la edificación de la colonia francesa de esta ciudad participando como socios de la Compañía jalisciense de Construcciones, aunado a la influencia que en materia de moda ya venían ejerciendo desde mediados del siglo XIX.[1]Hoy en día la huella urbana es lo más accesible para quien se percata del afrancesamiento de una parte de Guadalajara, pero quedan ocultas las ideas que llevaron al mencionado “afrancesamiento” del mismo modo que los refinados Chalets ocultaban la opulencia de la esfera íntima, que en cierto modo se podía intuír tan solo con ver sus fachadas.

De esta manera se puede entender cómo la prospera oligarquía de Guadalajara logró consolidarse no solamente en lo económico frente a las otras clases, sino también en lo cultural al defender su estatus social adjudicándose como heredera de la cultura burguesa del viejo continente y rechazando por consecuencia las ideas comuneras que en años anteriores se venían perfilando como oposición “peligrosa” para su desarrollo y prosperidad. Basta con leer un poco de la crónica de Las Exposiciones de Coronado para entender sus afinidades ideológicas:
Pero lo que verdaderamente pasma y admira, es el ver á esta Francia, tras desdichas é infortunios que reclaman para plañidos el treno inmortal de los profetas, desangrada y empobrecida, humillada por invasor extranjero y por facciones comunistas: levantarse con poderoso esfuerzo para convocar á las naciones á esta fiesta universal de paz y trabajo, que excede en magnificencia y suntuosidad a cuanto han visto las pasadas edades. Y conquista irresistiblemente nuestra profunda simpatía esa misma Francia, si consideramos que ese llamamiento amistoso á todos los pueblos, no reconoce por origen sino el afán generoso por el adelantamiento de la humanidad. Sin preocupaciones ni celos de raza, da albergue en medio de su capital incomparable á todos los pueblos, á fin de desarrollar el comercio, la industria, las artes, la fraternidad internacional, los grandes ideales por los que luchan los hombres de talento y de corazón.[2]


Con el advenimiento del positivismo y las consecuencias sociales derivadas de la división del trabajo se llegó a una era de prosperidad económica, sin embargo las diferencias de clase se fueron agravando en la misma medida en que crecía el “nivel cultural” de los jaliscienses acomodados, como en muchas otras partes donde se implantaba el capitalismo. En este punto la prosperidad reflejada en la ostentosa colonia francesa, su tranvía y hasta su avenida Lafayette -con una amplitud que recuerda al prefecto de París, Haussman, en sus planes para evitar las barricadas de los obreros- contrasta con las colonias o mejor llamados barrios en donde se confinan, a manera de pequeñas poblaciones contiguas a la ciudad, a jornaleros, obreros y léperos en general, y que poco después serán mejor planificados de acuerdo a una jerarquía de clases. Ponemos como ejemplo el barrio de mezquitán,conocido por su población sumamente pobre y de escasa educación (Agustín Yáñez hace una pintura de los muchachos del barrio de Mezquitán en los recuerdos de su niñes publicados en Flor de juegos antigüos, sin llegar a entender la causa de su malestar y su violencia cuando transpasan su "propiedad"). Es una época de explotación y pobreza que a través de la filantropía logra frenarse un poco, pero que en el pensamiento seguía la misma línea que se seguía en la literatura dominante en esa época en Jalisco. Nos referimos a la consigna de el arte por el arte, también de cuño francés; una sociedad encerrada en sí misma, a la espera de la modernización, aunque fuera solo material y en provecho de una minoría. Al asumir la revista el carácter de órgano difusor de las ideas de los jóvenes ilustrados de la burguesía local se avoca a imitar los modelos europeos y adaptarlos con el color local, cuidando de cautivar con un estilo refinado y novedoso, pero que está dedicado a un pequeño grupo de lectores (no pudiendo ser de otro modo en dichas circunstancias), lo cual le confiere un carácter circular, es decir al modo de arte por el arte, pues sólo busca el deleite en sí mismo, libre de cualquier compromiso social (como los conciertos efectuados en el teatro Degollado) y no la verdadera formación del Hombre sea cual fuere su condición. Esto a pesar de las palabras conciliadoras de Ba-ta-klan: “de desear es que se repitan periódicamente estos conciertos instrumentales, en bien del arte y el deleite de los oídos: la música es agente eficacísimo de educación y cultura.”[3] Aquí es notorio, como lo es en los diversos pasajes del texto de Coronado sobre la Exposición Universal, la idea de civilización, que amalgama en una misma pieza la producción industrial y la producción cultural, y que sólo mediante el dominio de la producción industrial se tiene acceso a la producción cultural; idea que el siglo XX se encargará de desmentir del modo más bárbaro. En profundidad encontramos en La República Literaria el afán de ofrecer una literatura que funcione como una mercadería original, refinada, a la manera de los estilos de vida que los lectores experimentan (como única es la Colonia francesa de Guadalajara). Sí hay merito en las crónicas, pero se queda solamente en la forma y no atina a ver que es lo que mueve al fondo. Como documentación de la historia, la crónica de la Exposición Universal de Coronado es de un valor alto, incluso único en su tipo en la producción literaria local y regional, al ser un texto enfocado en un acontecimiento de gran importancia en la historia universal.
[1] http://www.economia.unam.mx/cladhe/registro/ponencias/106_abstract.doc
[2] Vidaurre Arenas, Carmen V. comp..La República Literaria.Antología de la crónica. Guadalajara, 1988, vol. 1, pág. 46
[3] Ibídem. Pág. 13

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Antropología y Literatura






Francisco Rojas Gonzales nació en guadalajara el 10 de marzo de 1904, murió en guadalajara el 11 de diciembre de 1951 y sus restos descansan en la rotonda de los Hombres ilustres de esa misma ciudad.
Nació en el barrio de las nueve esquinas, pero vivió poco tiempo allí debido al cambio de residencia de su familia. Ya en su juventud marcha a la ciudad de México y estudia con Othón de Mendizábal, etnografía en el Museo Nacional.
Para algunos críticos "Francisco Rojas González logró llegar al fondo del pensamiento indígena y pueblerino hasta lograr recrearlo con sencillez y emotividad. Creencias y formas de pensamiento de las diferentes etnias de nuestro país se mezclan en su obra, la que nos permite conocer y llegar a comprender ese mundo aparte con su mitología y costumbres."

"Fue canciller de Guatemala y cónsul en Salt Lake City, Denver y San Francisco, EUA.En 1935 se separó del servicio exterior e ingresó al Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Autónoma de México. Colaboró en las siguientes obras: "Cuatro cartas de geografía de las lenguas de México", "Estudios etnológicos del Valle del Mezquital", "Estudios Etnológicos de Ocoyac", "Los zapotecos", "Los tarascos", "Carta etnográfica de México" y "Atlas etnográfico de México". Fue redactor de la revista Crisol y colaboró en los principales diarios y revistas del país."

Gracias a sus viajes a través de la república, logró conocer el estado social de los pueblos indígenas, hecho que le permitió, mediante la visión del etnólogo, plasmar en su literatura a los hombres de las regiones del país más apartadas del desarrollo experimentado gracias a la industria que floreció después de la revolución mexicana -principalmente en el gobierno de Lázaro Cárdenas-, pero desde una antropología unilateral, bajo la premisa, no siempre explícita, de los pueblos precapitalistas a los que se debe estudiar. De ahí que los relatos que se han publicado bajo el título El diosero, sean considerados literatura indigenista, pero no literatura indígena. Falta aquella consideración del otro como un ser con propias normas, de validés equivalente a las de pueblos más desarrollados. Pero no quiere decir esto que hay engaño y desdén por lo indígena. Todo lo contrario. Rojas Gonzales se pone en la tradición de autores como Fernández de Lizardi o Angel de Campo, Micrós, y la hacelo, asume también la tarea que en ellos encuentra: la denuncia de la injusticia, la empatía e identificación con los desvalidos y los atrasados. En su búsqueda del conocimiento del panorama indígena logra transmitir una imagen que aunque hoy palidece por la parcialidad de su alcance, logra, sin embargo, calar en la denuncia social; y tal como lo hace en sus ideas realistas del cuento, pone en tela de juicio un sistema que así como trae la prosperidad y el avance -aunque en manos de muy pocos-llega a ser opresivo, sobre todo en la formación de los hombres de clases bajas (véase esta relación en el cuento sobre Las vacas de quiviquinta La venganza de Carlos Mango).
Fuentes:

El Diosero, Francisco Rojas González, FCE
http://www.fomentar.com/Jalisco/Tapatios/index.php?codigo=275&inicio=0

lunes, 14 de diciembre de 2009



De pie: Raúl Navarrete, Domingo Miliani, no identificado, Jorge Arturo Ojeda, René Avilés Fabila, Segio Mondragón, Jorge Ayala Blanco, Leopoldo Ayala
Abajo: Juan Rulfo, Felipe García Beraza, Francisco Monterde, Margaret Sheed, Juan José Arreola, Marcela del Río (tomado de www.reneavilesfabila.com.mx)

martes, 8 de diciembre de 2009

Los ojos puestos en la fatalidad



Jorge Arturo Ojeda
Personas fatales
Mester, México, 1975


Jorge Arturo Ojeda nació en la ciudad de la fatalidad (México, D.F.) el 18 de abril de 1943. Ha hecho de todo, hasta estudiar letras españolas en la UNAM y letras alemanas en Munich, pero se le reconoce por su labor como narrador, ensayista, traductor y poeta. Por supuesto coordinó talleres literarios y ha colaborado en Siempre!, Unomásuno, Excelsior y en Mester, como director. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores de 1965 a 1966. Ha hecho estudios y prólogos a Juan José Arreola, traducciones a Jean Paul y a Novalis, ensayos sobre Octavio Paz y sobre su tema favorito, la Grecia antigua.
Su homosexualidad declarada es bastante notoria en algunas de sus obras, lo que no las vuelve mejores ni peores, y no podría considerarse un escritor de la onda, ya que el lenguaje en ellas ha sido de lo más cuidado y trabajado. Se destaca Documentos sentimentales (poemas y relatos 1974), Personas fatales (cuentos, 1975), Cartas alemanas (1972), Como la ciega mariposa (novela, 1967), entre otras muchas.
Jorge Arturo Ojeda ha sido calificado por Gustavo Sáinz, a quien le dedica el último cuento de Personas fatales, como el “dueño de la prosa más elegante y provocativa que se escribe hoy en México” y prosigue el autor de Gazapo: “Ojeda escribe para escapar, para remendar la vida: los telones de la escritura intentan postergar el dolor y la podredumbre que amenazan cada minuto de vida conciente: elegir la palabra es admitir que se ha entendido lo que subyace bajo cada uno de nuestros gestos estereotipados, pero que se opta por aplazar la violencia indefinidamente: se cumplirán todos los actos que la cruealdad dicta, se realizará todo lo prohibido pero en el espacio fantasmal de lo narrado".
Y es esto lo que ocurre en Personas fatales, libro de cuentos que vio la luz en 1975, cuando Jorge Arturo Ojeda apenas tenía 32 años. El texto devela desde el título lo que podría parecer evidente afirmar: que son individuos condenados a la fatalidad. Sin embargo remite a algo más profundo, que se ve reafirmado con el epígrafe: “… "personas fatales" que decían los aristotélicos españoles…(la crítica en la edad ateniense, Alfonso Reyes).”
Las personas fatales, son, ni más ni menos, protagonistas de tragedias clásicas. Así, “Ignacio”, “Julia”, “María de los Ángeles”, “Mapache”, “Bruma” y “Lorenzo” son cuentos sobre personajes atormentados que cargan pesos ineludibles. Cabe resaltar también la cuestión de los títulos: cada uno de ellos corresponde al nombre del protagonista, lo cual también remite a las tragedias griegas. Estas tragedias tenían máximo tres personajes medulares y contaban la caída del personaje en cuestión, lo mismo que ocurre con los cuentos de Ojeda.
El libro en su totalidad está claramente situados en México, esto se detecta por los nombres de lugares, sucesos históricos, tradiciones o actitudes. Entonces, además de “contar” la tragedia y revelar realidades humanas, se revela la realidad mexicana y se hace una crítica.
Los cuentos son breves e intensos, y en cada uno se aborda una obsesión distinta. Van desde una realidad histórica (la matanza del 68 abordada de una manera particular en “Lorenzo”) hasta una realidad personal (“Julia” está basada en la muerte de la actriz mexicana de principios del siglo XX, Lupe Vélez, quien ingiere seconal para no enfrentar el escarnio público al estar embarazada y ser abandonada por un hombre casado. Lupe adornó su casa de flores antes de suicidarse.). “Mapache” es una apología al amor homosexual, “María de los Ángeles” es una deconstrucción de la advocación de “maría, reina de los ángeles”, “Ignacio” es una crítica al automatisimo y a la pereza y “Bruma” es una tragedia de principio a fin.
Dentro de todos los cuentos se puede observar dos tipos de imágenes: las de los bello (lo natural) y las de lo trágico. En cuanto a la estructura narrativa no se podría hablar de ser propositiva; sin embargo, donde Ojeda explota sus capacidades es en la exquisitez del lenguaje, las descripciones y narraciones justas. La mezcla de imágenes que logra sublimar las tragedias de todos los personajes.
Existe, también una metatextualidad, ya que dentro de los cuentos, hay otras tragedias, la de María de los Ángeles es previa, es una decadencia anterior a la tragedia del cuento; en “Mapache” están relatadas y previsto el desenlace; “Bruma” se apoya en lo teatral y la tragedia de Lorenzo sólo sirve para recalcar la tragedia social.
Dentro de la crítica social, se puede destacar a Leopoldo, el compañero de Ignacio, el cual es una crítica a las actitudes mexicanas, Julia es una mujer exitosa que sin embargo no puede con el peso de vivir sin haberse casado de blanco (la virginidad como tradición ineludible), y la evidente crítica de Lorenzo hacia la superficialidad y olvido de la sociedad mexicana, donde no pasa nada.
Este libro es un acercamiento a un Ojeda joven, intenso, dinámico. A un autor sobreviviente, incluso a él mismo. A una persona fatal.

Versos que dejan con dolor de caderas




Elías Nandino
Erotismo al rojo blanco.
Ed. AGATA, México, 1991, 160 páginas

Elías Nandino nació con el siglo XX, en la población de Cocula Jalisco. Médico de profesión, poeta de nacimiento, dedicó buena parte de su tiempo y esfuerzo en apoyar a jóvenes poetas, entre ellos los ahora ilustres, Carlos Monsiváis y José Emilio Pacheco.

Editó la colección de cuadernos México Nuevo, dirigió la revista Estaciones y de 1960a 1964 fue director de la publicación Cuadernos de Bellas Artes. En 1979 recibió el Premio Nacional de Literatura y el Premio de Poesía de Aguascalientes.

A pesar de ser contemporáneo de “Los Contemporáneos” (en juego azaroso de palabras cacofónicas), no perteneció a ésta élite literaria (cuentan algunas anécdotas que esto se debió a su abundancia de dinero y a una “oportuna ausencia”). Sin embargo, esto no impidió que Nandino escribiera, a su modo y en su tiempo.

Su producción es bastante prolífica, entre sus obras más ilustres está Sonetos (1950), Naufragio de la duda (1950), Triángulo de silencios (1953), Nocturna summa (1955), Nocturna palabra (1976), Nocturno amor (1958), Nocturno día (1959), Eternidad del polvo (1970), Cerca de lo lejos (1979), Banquete íntimo (editado póstuma 1993) y por supuesto, Erotismo al rojo blanco (1993) en torno al cual girarán en esta ocasión mis comentarios.

La poesía de Nandino acaso logra describirse con algo parecido a un slogan de productos farmacéuticos: Es la misma, pero no es igual. Su constante salto que va desde sonetos hasta Hai kais, demuestra la versatilidad del poeta que utiliza los recursos que le sean necesarios según el encanto de la musa.

En Erotismo al rojo blanco la poesía es irreverente, sarcástica, nostálgica, escatológica, cursi. El libro está compuesto de varios poemas eróticos y tardíos de los que el propio Nandino dijo:

" Más que eróticos son trágica y amargamente humanos porque son el testimonio de una pasión senil, delirante, obsesiva, que con su locura pasional creyó posible juntar el amanecer con el ocaso. "

Es un libro que escribe para el final de su vida, cuando Nandino tiene ochenta y tres años pero una pasión juvenil que no ha menguado. Enamorado y lujurioso aún, se encuentra siempre con la dificultad de que “algo nos separa”.

Los juegos de palabras y los “doble sentidos” se cobran aparte. La picardía de Nandino se burla de personajes como Novo, Pellicer y por supuesto, de su propia decadencia de senectud (lo que Monsiváis llama “Poderes menguantes de la vejez”.

Su vejez, la visión de un amor imposible pero no secreto en el que Nandino “sale del clóset” con un salto mortal y sin red y lo que Monsiváis llama “Cachondería cósmica” (con todo lo que hacer el amor a las estrellas implica), conforman los versos de este libro. Versos que a veces son como los besos (perdonando la cacofonía):

"Es que hay besos que valen
Mucho más
Que un coito completo:
Porque son tan carnales,
De veras,
Que nos dejan las bocas
Con dolor de caderas."

sábado, 5 de diciembre de 2009

El Mexicano Universal - Alfonso Reyes


El Mexicano Universal

Alfonso Reyes Ochoa

(1889, Monterrey – 1959, Ciudad de México)


El escritor, poeta y diplomático, Alfonso Reyes Ochoa, nació en Monterrey, Nuevo León, el 17 de mayo de 1889. Convence como crítico literario, creador de teorías para el conocimiento del lenguaje; filósofo de la lengua y de la vida, cuentista y dramaturgo. Sus padres fueron el general Bernardo Reyes y Aurelia Ochoa. Su padre ocupó importantes cargos durante el gobierno de Porfirio Díaz. Participó en el golpe de estado en contra del presidente Francisco I. Madero en 1913, conocida como la Decena Trágica, en la cual fue asesinado.

Alfonso Reyes realizó sus estudios en el Colegio Civil de Nuevo León y los terminó en el Liceo Francés de la Ciudad de México. Se inscribió después en la Facultad de Derecho, donde obtuvo el título profesional de abogado el 16 de julio de 1913.

Reyes ha sido llamado El Mexicano Universal por su monumental obra literaria, para orgullo de la patria, pero también por sus numerosas estancias en el extranjero. Muchos admiran su capacidad intelectual y su fecundidad en multiformes campos de la literatura.[1] Su obra se compone de ensayos, poemas, cuentos, piezas de teatro, crónicas y cartas. La experiencia literaria es, uno de sus libros más estudiados. También destacan Visión de Anáhuac (1917), Los trabajos y los días (1934) y Estudios helénicos (1957).[2]

Sus relatos autobiográficos, algunos en prosa y otros en verso, levantan un monumento literario a Monterrey, su ciudad natal, en la que muestra el amor a su tierra,

Monterrey de las montañas / tú que estás al par del río / fábrica de las fronteras / tan mi lugar nativo / que no sé cómo no añado / tu nombre en el nombre mío.[3]

En 1909 Reyes conoció a Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos, y juntos formaron el Ateneo de la Juventud. Este grupo se organizó para leer y discutir a los clásicos griegos, hacer reflexiones sobre la literatura y la filosofía universal, así como llevar a cabo una importante labor de difusión cultural. De gran relevancia fue la crítica que hicieron al positivismo y al desarrollo que tuvo en México mientras el país fue gobernado por Porfirio Díaz. Provocaron una verdadera revolución cultural en el país.

En 1910, cuando tenía 21 años de edad, publicó su primer libro Cuestiones Estéticas. Se trata de una serie de ensayos de lúcida inteligencia que no puede escapar a la sensibilidad del poeta para hilar la sencilla relación de los seres y las cosas que, sin embargo, el propio ser humano ha convertido en una relación sumamente compleja y de grandes contrastes.[4]

En 1912 fue secretario de la Escuela Nacional de Altos Estudios, antecedente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Allí fundó la cátedra de historia de la lengua y literatura española. Inmediatamente en 1913 fue nombrado parte de la Legación de México en Francia, así viajó a París con un cargo diplomático. De esta primera estancia en París dice Reyes que fue provechoso, pero lo calificó, más bien, de provechoso desconcierto. “Sus primeros pasos en tierra extraña, ni siquiera disfrutaba libremente los placeres del turista sino que se convirtió prácticamente en un mecanógrafo de categoría”.[5] Durante el año que permanece en la capital francesa escribe artículos y páginas que se publican en diversas revistas de Europa y de América. Mantiene contacto postal con Pedro Henríquez Ureña, quien se convierte en su mejor maestro a distancia y éste tiene cierto agrado por sus artículos. Le menciona que descuida el modo de escribir, siendo necesario releer, corregir y rehacer.

En 1920 fue nombrado segundo secretario de la Legación de México en Madrid, y de 1924 a 1939, vive como diplomático en Francia, Argentina y Brasil. No es exagerar decir que se convirtió en una figura esencial del continente hispánico, como lo atestigua el propio Jorge Luis Borges. Este gran escritor argentino consideraba a Alfonso Reyes como "el mejor prosista de habla hispana de todos los tiempos".[6] Ellos dos eran grandes amigos.

En 1945 obtuvo el Premio Nacional de Literatura en México, y en 1949 Gabriela Mistral propone a Reyes para que se le otorgue el Premio Nobel de Literatura, pero el movimiento nacionalista mexicano, muy fuerte en ese momento, obstruye la candidatura para su gusto, diciendo que Reyes escribe mucho de los griegos y muy poco de los aztecas.

Alfonso Reyes se puede ver como un genio del ensayo, género que denominó como “el centauro de los géneros, donde hay de todo y cabe todo”.[7]

Entre sus ensayos se cuentan Cuestiones gongorinas (1927), Simpatías y diferencias (ensayos, 1921-1926), Homilía por la cultura (1938), Capítulos de literatura española (1939 y 1945) y Letras de la Nueva España (1948).

Hacia 1939 Reyes se instaló definitivamente en México. El maestro de la lengua, de 1939 a 1950, estuvo en la cumbre de su madurez intelectual y escribió una larga serie de libros sobre temas clásicos, como La antigua retórica y Última Tule (1942), El deslinde (1944), La crítica en la edad ateniense (1945) y Junta de sombras (1949). También escribió sobre problemas mexicanos y americanos y otros temas muy variados: Tentativas y orientaciones (1944), Norte y Sur (1945), La X en la frente y Marginalia (1952). Entre sus traducciones se encuentra parte de la Ilíada de Homero, en 1951.

El escritor presidió la Casa de España en México, convertida más tarde en El Colegio de México. Fue Miembro Fundador de El Colegio Nacional y al lado de su amigo Jules Romains, refugiado en México para escapar del nazismo, fundó el Instituto Francés de América Latina (IFAL). Ayudó a jóvenes escritores, entre los que se cuenta Octavio Paz, quien dijo, "el amor de Reyes al lenguaje, a sus problemas y sus misterios, es algo más que un ejemplo: es un milagro."[8]

El 27 de diciembre de 1959 Alfonso Reyes murió en la ciudad de México, víctima de una afección cardíaca.

La figura de Reyes amparó a todos los escritores mexicanos de la segunda mitad del siglo XX no sólo por la profundidad de ideas, sino también por su solidez moral. Quizá el mejor Reyes es el de los ensayos, escritos con una gran economía de medios y erudición clara y precisa, lo que lo ha convertido sin discusión en el paradigma de la ensayística latinoamericana y en el maestro de México.

Sus ensayos hablan sobre las cuestiones de la vida cotidiana hasta cuestiones de lo metafísico, en los que busca lecciones que nos hagan entender el presente o el futuro. Y nos enriquezca en su paso por la terrenal existencia, cuyo objeto puede ser tan sencillo como el vivir plenamente las experiencias, así dice Reyes.

y me preguntaba yo, en suma, si el objeto inmediato de nuestra existencia no sería, simple y sencillamente, ir creando un pozo de recuerdos, un tesoro de figuras, imágenes, palabras y espectros de acciones acumuladas por la experiencia, por las vivencias anteriores como ahora decimos.[9]

Uno de sus cuentos más impresionantes es La cena, escrito en 1912. Vale la pena leer y releer este cuento, para encontrar todos los detalles escondidos entre cada línea.  Al principio del cuento el narrador recibe una misteriosa invitación de dos señoras desconocidas: Doña Magdalena y su hija Amalia. Al sonar las nueve horas, se encuentra a la puerta de su casa. Nunca van a llegar a explicar el propósito de la invitación. Pasan al jardín, que resulta ser “un jardincillo breve y artificial, como el de un camposanto”[10], en la oscuridad se ven las “flores que muerden y flores que besan”[11]. El narrador, que se llama Alfonso, igual que el autor, se queda dormido. Cuando Alfonso se despierta, escucha a las dos mujeres hablando de un “pobre capitán”[12] que “lleno de ilusiones marchó a Europa”[13], al hacer estudios en una fábrica de cañones perdió la vista en una explosión. Después las mujeres trasladaron a Alfonso a la sala y le mostraron el retrato del capitán con el que se ve a sí mismo como un reflejo caricaturesco. Además, nota que el retrato está firmado con la misma letra de su invitación. Después huye a su casa, donde llega cuando aún suenan las nueve campanadas del reloj. La  última frase del cuento dice, “sobre mi cabeza había hojas; en mi ojal, una florecilla modesta que yo no corté“[14].

Desde el principio del cuento todo el ambiente es como un sueño, más bien, una pesadilla: Alfonso está corriendo en calles pobladas de “serpientes de focos eléctricos”[15] que “bailaban delante de mis ojos”[16] y de relojes en los torres que “me espiaban, congestionados de luz”[17]. Encuentra a las dos mujeres, como fantasmas, visibles más bien como siluetas o sombras vestidas de negro. Además el narrador tiene la sensación de un déja vu, “corría frenéticamente, mientras recordaba haber corrido a igual hora por aquel sitio y con un anhelo semejante”[18]. Este hecho era similar con el momento de la repetición de las campanadas del reloj sonando las nueve horas, al principio y al final de la historia.

Las indicaciones autobiográficas son inconfundibles. El padre de Alfonso Reyes, quien fue general durante el Porfiriato, fue mandado a Europa, desde 1909 hasta 1911, para estudiar asuntos militares, y pierde allá la vista de su ojo izquierdo. Con esta perspectiva biográfica, podemos ver en el misterioso capitán del cuento La cena reflejos simbólicos de la figura de Bernardo Reyes. Además el narrador, Alfonso, se reconoce a sí mismo mirando el retrato del capitán.

El jardín que parece un camposanto, las mujeres vestidas de negro y la flor en su ojal que él no cortó, son elementos que indican un encuentro con la muerte, y estos pueden funcionar como una analogía con la muerte del padre de autor. También sería posible que el mismo narrador ha muerto en el jardín, y se despierta como un fantasma, corriendo por las calles otra vez, sin haber pasado cierto tiempo, y el ambiente está preparado como el de un entierro.

El cuento se puede ver como un precursor del surrealismo, con sus elementos de sueño, pero también se encuentran indicaciones del realismo mágico. Éste tiene el interés de mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común. Por ejemplo, el hecho de que el narrador se duerma durante su estancia en la casa de las dos mujeres, que ni siquiera conoce, es muy poco realista, pero está contado como algo normal y real. Así se funden las dos corrientes, la realidad y el sueño; la vida cotidiana y lo irreal.

El Mexicano Universal tuvo un gran espectro en su obra y su vida, mismo que continua hoy en día. Aun es el mexicano que ama su procedencia y que muestra en sus letras el poder del raciocinio con el que cambia la incertidumbre de su contexto. Determinó un complejo sistema literario al que actuales escritores han recurrido para abastecer las diversas poéticas que han cubierto a México hasta nuestros días,

La raíz profunda, inconsciente e involuntaria, está en mi ser mexicano: es un hecho y no una virtud. No sólo ha sido causa de alegrías, sino también de sangrientas lágrimas. No necesito invocarlo en cada página para halago de necios, ni me place descontar con el fraude patriótico el pago de mi modesta obra. Sin esfuerzo mío y sin mérito propio, ello se revela en todos mis libros y empapa como humedad vegetativa todos mis pensamientos. Ello se cuida solo. Por mi parte, no deseo el peso de ninguna tradición limitada. La herencia universal es mía por derecho de amor y por afán de estudio y trabajo, únicos títulos auténticos.[19]

Hablar de Alfonso Reyes es persuadir a la realidad, trascenderla. Es trastocar elementos imaginativos en una enredadera de la visión. Esto determina que la creatividad del hombre no radica en las conjeturas que involucran el exceso, todo lo abarca el sentido común y las expresiones sociales.  


[3] Alfonso Reyes en Reyes, Alicia pág. 293.

[4] Carmona, Gisella. pág. 22.

[5] Reyes, Alicia. pág. 51.

[6] Ibíd. pág. 9.

[7] Ibíd. pág. 5.

[8] www.alfonsoreyes.org.

[9] Carmona, Gisella. pág. 22.

[10] Reyes, Alfonso. pág. 33.

[11] Ibíd. pág. 33.

[12] Ibíd. pág. 38.

[13] Ibíd. pág. 39.

[14] Ibíd. pág. 40.

[15] Ibíd. pág. 33.

[16] Ibíd. 

[17] Ibíd. 

[18] Ibíd.

[19] Alfonso Reyes en Reyes, Alicia. pág. 7.


Bibliografía:

Carmona, Gisella. El Vendedor de felicidad. Monterrey. Universidad Autónoma de Nuevo León, Instituto Cervantes, 2006.

Reyes, Alfonso. Cuentos. México. Oceano, 2000.

Reyes, Alicia. Genio y figura de Alfonso Reyes. Monterrey. Producciones Al Voleo-El Troquel, 1989.

Stanton, Anthony. Correspondencia: Alfonso Reyes y Octavio Paz (1939 - 1959). México. Fondo de cultura económica, 1998.